Cómo Olivier Rousteing está reviviendo el sueño de la alta costura en Balmain

Sam Rogers — “En la moda hay una obsesión con las chombas de pique con logo, con lo que se ve en las calles. Puedes volverte tan ‘real’ que puedes perder tus sueños”, afirma Olivier Rousteing desde tras un escritorio de cristal en sus oficinas parisinas de la casa francesa. Tiene sobre su escritorio una torre de waffles, frascos de mermelada y Nutella; una vista confortante y extraña en el planeta de la moda, por no charlar de la alta costura. Rousteing, meridianamente, hace las cosas de una manera diferente.

El regreso de Balmain a la alta costura, tras un receso de dieciseis años, es su forma de rememorar el sueño. “Estamos viviendo en un planeta en el que prácticamente estamos asustados de mirar al pasado pues todo el planeta está preocupadísimo por el futuro, con lo que prosigue. Miro al pasado para comprender el presente y para, en verdad, soñar con un futuro mejor”.

Efectivamente, el futuro de Rousteing se presenta refulgente… y ocupadísimo en chombas. El mes pasado de diciembre, presentó un nuevo logotipo de Balmain (“Es moderno, mas al tiempo es vintage”); la semana pasada lanzó una aplicación (“Para democratizar la moda por medio de lo digital”); el mes próximo, su tienda insignia de la rue Saint-Honoré (“De la que estoy muy orgulloso”) va a abrir sus puertas. Cuando llegue septiembre, su historia se va a contar en un reportaje de cine. Y a todo eso hay que incorporar el calendario de desfiles.Oliver Rousteing en Balmain

Nos hallamos el día siguiente de su desfile de ropa masculina Otoño/Invierno dos mil diecinueve, un mes ya antes de la presentación de su compilación de mujer y a una semana de distancia de su debut en la alta costura. “Estoy muy estresado”, afirma, pese a que su comportamiento relajado apenas lo delata. “¿Sabes cuando juegas con los mayores? Me recuerda al instante en que empecé a trabajar con el ballet, cuando ví el vestuario creado por Karl Lagerfeld y Christian Lacroix, y piensas ‘Dios mío, ahora soy yo’”.

Los diseños ready-to-wear de Rousteing siempre y en todo momento han tenido un complicado nivel de detalle, mas con la alta costura ha llegado al extremo. Perlas, tweed, plástico con estampados de graffiti o bien acolchado, cadenas tejidas, denim y plumas de cuero compiten por la atención en siluetas de proporciones aumentadas. De la misma manera que lo hacen los tocados metálicos para la cabeza, efectuados en cooperación con House of Malakai, y los prismáticos inspirados por la ópera, los que “son altísima costura”, afirma.

“La inspiración es París. Se trata de la belleza de Francia”, afirma el diseñador, señalando su mood board, una muy elegante selección de imágenes en la que se ha incluido un sinnúmero de piezas del archivo de la casa. “Estoy retornando a las raíces de la casa”, afirma haciendo referencia a los originales desfiles de alta costura de Pierre Balmain y, después, de Oscar de la Renta –“uno de los hombres más inclusivos del planeta de la moda”–, quien dirigió Balmain entre mil novecientos noventa y tres y dos mil dos.

Pese a haberse inspirado anteriormente, Rousteing lo hace a su forma. Particularmente, hay una pieza que lo prueba mejor que ninguna otra: un mono imposiblemente ligero hecho de plumas. “Monsieur Balmain amaba las plumas”, afirma Rousteing, “esta es una pluma moderna”. Fundamentalmente, es una nueva alcurnia de tejido, en el que el hilo ha sido sustituido por plumas de avestruz italiana teñidas a mano, con delicadeza anudadas y unidas. Se requirieron 6 personas y uno con doscientos horas para su realización. “Es una mezcla de tejido, croché y trabajo con plumas, aparte de perlas y cristales Swarovski para elevar el material a otro nivel”, explican las petites mains entre pruebas. Lo sostiene unido 2 tiras de cadenas de metal, asimismo hechas en Italia. No hay una capa base (pese a que se ha asentado sobre tul “para los fines del desfile”), lo que explica la ligereza.

Pareciese que el diseñador se ha apoderado de la dulce confianza del taller de Balmain. “Nunca se atemorizan por un vestido ni por nada”, afirma. “Asumen todo como un enorme reto; se fuerzan a exceder sus límites, y tienen un auténtico sentido de la artesanía y la dedicación cara su trabajo; es su pasión. Y creo que eso es diferente en la alta costura: la gente vive para estas prendas”. Y su ausencia de miedo o bien juicio es una cosa que comparte: “No haces algo para ser parte de la tendencia”.

Rousteing es bueno con las palabras y pasa del inglés al francés con una cautivadora cadencia que oculta a sus cincuenta y uno millones de seguidores en Instagram. Cuando se le solicita que resuma la esencia de Balmain en una palabra, no duda: “Uncontrollable”, afirma suavemente, en francés. “Es sensual, es segura, es moderna, mas, al tiempo, estoy ofuscado con el pasado. Me chifla la diversidad, mas, al tiempo, me chifla inspirarme en la cultura francesa”.

“Balmain se trata de la diversidad, de la confianza y de ser único”. Asimismo es buena palabra, considerando el plan profesor de Mayhoola, la compañía catarí dueña de Valentino que adquirió Balmain en dos mil dieciseis. “Al principio, no podía pensar lo que sería el día de hoy Balmain”, medita Rousteing. “Esa es la razón por la cual digo incontrolable; es pues no puedes imaginar lo que ocurrirá mañana”.

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