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A la mesa con poncho: los restaurantes ofrecen abrigo para comer al aire libre

Es patrimonio cultural, abrigo del gaucho. El poncho es una pieza artesanal noble e inconfundible de una cultura mestiza, y en el año del Bicentenario fue declarado en algunas provincias del país como prenda símbolo de la Independencia.

La moda, por supuesto, lo tiene este invierno como protagonista, y ahora la gastronomía también. Porque para aprovechar todas las mesas e individuales de cuero disponibles en los patios, veredas, terrazas y disfrutar de una cena al aire libre -aunque el termómetro recomiende ir adentro y refugiarse – muchos de los restaurantes de la ciudad lo ofrecen a sus comensales como respuesta al frío. El poncho es el nuevo invitado a la mesa.

Sucede que la generación actual de cocineros no sólo está atenta a los fuegos, las ollas y los nuevos sabores. La idea, en todos estos casos, es ofrecer una experiencia que incluya desde la exigencia gourmet con sus cartas de restaurantes como la sensación de una atmósfera acogedora. A los ponchos, según la ocasión y el lugar, se suman mantas y ruanas de los más diversos colores y texturas. En pleno invierno, el aroma de lo casero se suma a la calidez de lo artesanal.
De lana y a cuadrillé

Bajo el concepto de campamento y aire libre, Camping es un original espacio en las terrazas del Buenos Aires Design, con una propuesta de comfort food. Grandes mesas comunitarias, comida casera, una cerveza artesanal, una taza de vino con especias o chocolate caliente. Todas las opciones de la carta invernal vienen acompañadas por el calor de esta prenda tan de moda. “Todos los inviernos y los días que hace frío ofrecemos ponchos para que las personas que nos visitan puedan abrigarse y disfrutar de nuestros manteles. Lo consideramos un acto de amor y a la gente le encanta, los re usan”, dice Gabriel Balan, dueño de Camping.Gentileza Camping

Los ponchos, cuentan allí, fueron co-creados especialmente entre Camping y la marca Soifer. Se trata de un paño de lana con un diseño en cuadrillé con tonalidades de terracota y negro que, además, se pueden llevar por el valor de 700 pesos.
Ruanas artesanales

Además del calor de un posible brasero, como sucede en en Alo’s, en San Isidro, su chef Alejandro Féraud no sólo está detrás de la propuesta gastronómica del lugar, basada en productos orgánicos, salvajes y de estación. Para este cocinero también es importante que la gente que se anime a disfrutar de su deck externo (que cuenta con 6 mesas y una capacidad de 20 personas) pudiera hacerlo protegida del frío. “Hay comensales que eligen pasar su estadía en las mesas externas y para nosotros es una atención especial el hecho de brindarles, además del calor del brasero, una ruana que los proteja del frío. A la gente le gustan mucho, son tejidas a mano y hechas con mucho amor y dedicación, como todo lo que ofrecemos en nuestro bistró”

Dicen en Alo’s que estas ruanas, de lana y tejidas a mano, no sólo abrigan si no que se lucen con encanto. Y también entre las mesas se dispone un brasero con 20 kilos de quebracho cuyo fuego “brinda calor y elegancia” a las noches de otoño-invierno.
Directo de Salta

En La Mar Cebichería, comandado en Buenos Aires por el chef peruano Anthony Vázques, uno puede deleitarse con los manjares de su cocina en su patio externo que, según los dueños del lugar, es la vedette del restaurant. Hay mesas y sillas de madera y una gran barra exterior abrazada por árboles de más de cien años. Para los que quieren aprovechar el encanto de este rincón al aire libre, se ofrecen mantas térmicas de lana tejidas a mano, traídas directamente de un pequeño negocio familiar de Salta. Además, por si las mantas no son suficiente, el exterior esta calefaccionado con tubos de gas que dan la vuelta a toda la barra, lo cual genera un microclima que acompaña los días y las noches de invierno al aire libre.

“Las mantas se trajeron de Salta específicamente del negocio Río del Valle Luracatao, que tiene más de 50 años de historia. Los dueños son una familia francesa que vinieron a nuestro país después de la guerra y José, fundador de la tienda, administraba un campo en la localidad de Luracatao -cuenta Marcos Meincke, socio de La Mar-. Se dice que el dueño de la finca le pidió a José que busque artesanos tejedores de la zona porque este hombre usaba unos trajes típicos de la época y quería asegurarse de tener tela de la mejor calidad. Pero no era tan común en esa época el oficio de tejedor, comercialmente hablando, sino que la gente tejía por necesidad de abrigo. Entonces, José buscó a los mejores del Valle y les dijo que entrenen a más personas ya que les iba a pagar por los tejidos. Fue en ese momento que a José se le ocurrió abrir un local en el Centro”.

Hoy, según relata Meincke, el negocio familiar es atendido por Mariana, hija de José, pero todo continuá de la misma manera, bien artesanal. “Esquilan a las ovejas, hacen el hilo de lana a mano, lo tiñen ellos mismos y después, una vez armados los ovillos, los tejen en telar manual. Los tejidos son realizados aún por los artesanos que viven en el Valle de Luracatao, que son los que tienen el oficio bien arraigado”.
De corderito sintético, y bien abrigados

La atmósfera es acogedora, y detrás de la cocina está la mano exquisita de Daniele Pinna, creador de los más deliciosos platos. “La idea de acondicionar el espacio exterior se originó a raíz de que el local es de dimensiones chicas y el sector al aire libre representa una gran cantidad de comensales. Además hay gente que prefiere comer afuera porque es más tranquilo. Por eso se decidió instalar la calefacción en base a tubos radiantes eléctricos y, como plus, ofrecer ponchos, bien cómodos y abrigados”, cuenta Pinna, dueño y chef de La Locanda.

En los meses de frío, un toldo rojo recubre el sector al aire libre con cortinas que caen a los costados, no sólo para proteger al espacio del viento sino creando, además, una atmósfera acogedora. También, como explica su chef, La Locanda posee un sistema de calefacción exterior, lo que solucionó de plano el inconveniente de las bajas temperaturas.

Un detalle: los ponchos son de corderito sintético, en color crudo y eco cuero marrón envejecido.
Sabres de mar, al abrigo de un poncho

Con su propuesta ciento por ciento marítima, con platos elaborados por su chef Leandro Leyell, en la que únicamente se utilizan pescados y mariscos frescos, La Pescadorita está inspirada en clásicos de la costa Argentina, que también incluye detalles asiáticos, europeos, platos de diseño propio y exclusivas parrillas de mar. Su local en Palermo, cuenta con mesas en la vereda con calefacción, y en el invierno ofrecen ponchos a todos los comensales.

“Los ponchos funcionan como un complemento de la calefacción y a la gente le encanta porque hacen mucho más cálida su estadía en el restaurante. Usualmente lo usan los clientes que fuman y se quedan afuera”, señala la encargada del restó, Cristina Pedreira.
El patio, el preferido de todos

“El patio es el sector preferido de nuestros clientes porque no hay otro igual en toda la ciudad, y si la gente se siente cómoda y bien abrigada, pueden aprovechar sin padecer el frío de las mesas al aire libre”, asegura Nicolas Wolowelski, uno de los dueños de Benaim, un restó sobre la calle Gorriti, en Palermo.

Benaim cuenta con un gran patio con capacidad para 60 personas, donde mesas comunitarias de tres metros de largo son el espacio ideal para una reunión entre amigos. La novedad, el dato que circula de boca en boca es el llamativo beer truck. Estacionado en el patio de aire poético, este camión de cerveza con cuatro canillas de cerveza artesanal recibe a bartenders invitados que despachan sus creaciones desde la ventana del camión. Los comensales, agradecidos. El sistema de calefacción exterior, y las mantas, son el equipamiento ideal para ahuyentar el frío.

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